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Veterano a los quince

Hay jugadores para los que el fútbol reserva un buen entendido anonimato. Suelen ocupar una parcela sin lustre, alejada de la calle principal por la que discurre el último pase y gustan de la tranquilidad pese a tener las llaves del pueblo. Ese rol, ese carácter de Señor Lobo, se ajusta bien a lo que para el Deportivo entraña Álex Bergantiños (A Coruña, 1985), que hoy debuta en una convocatoria con Garitano y, como casi en todos los inicios de sus cinco temporadas en Primera, espera su turno sin pisar el número de nadie.

No ha dejado de ser el equipo una estación de paso, y ello da más valor a la estancia del centrocampista de la Sagrada Familia, siempre paciente. «Le gustaba lo sencillo y, ahora, por lo que veo desde fuera, sigue en su línea», señala Emilio Aguiar. Fue él quien entrenó al ‘4’ blanquiazul en su adolescencia y, si sobre el césped la evolución fue notoria, en la persona apenas se vislumbran cambios: «Es que mantiene sus tradiciones. Sigue siendo amigo de los de siempre y, si no me equivoco, está con su novia de toda la vida».

Acompaña a Álex ese halo de circunspección que gustaba a Arsenio de Mauro Silva. Con y sin balón. Y a ese espíritu sobrio, poco amigo de lo excéntrico, alude Aguiar para subrayar la importancia de Bergantiños durante sus años en el Imperátor y el Breogán, la sección de fútbol sala que entrenaba en paralelo a los rojillos. «Alternaban hasta su etapa en cadetes. Ya por aquel entonces era un líder, como ahora. ¿Por qué? Porque decía cuatro palabras y te arreglaba el vestuario. Era como una persona mayor».

“Consiguió llegar a Primera por su capacidad de sacrificio, igual que Deus. Si es otro, quizá se hubiese abandonado”

No le ha costado trabajo a Riazor identificar el tipo de cabecilla que es Álex, pero sí ponderar su valor. Hubo incluso quien, con la escuadra herculina inmersa en un bache de resultados e identidad a inicios de la temporada 14/15, publicó en Youtube una serie de vídeos con las acciones menos acertadas del jugador en aquellos partidos con Víctor Fernández. Al autor, sin embargo, se le olvidó subir aquellas en las que sí equilibraba al equipo. A veces, incluso asumiendo tareas ajenas. Cosas de la memoria.

De ella se sirve Emilio para volver a Baio. Al Platas Reinoso. Al día en el que, durante el transcurso de un amistoso y con sólo quince años, ‘Koeman’ se fracturó la tibia. «Sí, sus compañeros le llamaban así», recuerda. «Era el último partido de la pretemporada, y ocurrió. Íbamos a jugar un torneo en Venezuela días después. Sufrió como un cabrón, lo sé porque fui con él todas las semanas a la residencia para acompañarlo a sus revisiones, pero en la segunda vuelta regresó y lo jugó todo. Y tras eso, el Deportivo vino a por él».

No hay ni habrá jamás una ecuación concreta sobre cómo llegar a la élite, pero Aguiar sí sabe qué factor es invariable en la suya: «Trabajo. Es a base de eso. Consiguió llegar a Primera por su capacidad de sacrificio, igual que Deus. Si es otro, quizá se hubiese abandonado, pero no lo hizo». Hay un componente emotivo en el localismo de Álex, ahora apreciado por su sosiego, presente en trances del club que no quedan tan lejos en el tiempo. Y quizá sea precisamente eso, su paso, el que le brinde finalmente reconocimiento.

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