Sangre coruñesa en The Hawthorns

«Fue toda una coincidencia, porque tiempo atrás habíamos hablado en la familia de ir unos días de vacaciones a Coruña, y cuando fichó por el West Brom supimos que tendría un partido de pretemporada allí». Habla Kiko Rodríguez, padre de todo un internacional inglés por cuyas venas fluye sangre gallega y, más concretamente, coruñesa. Porque Jay Rodríguez, una de las incorporaciones estrella del West Bromwich Albion durante este verano, estará en agosto en Riazor para jugar el Teresa Herrera frente al Deportivo. Uno de los innumerables caprichos del fútbol.

Kiko nació y se crió en Burnley, una ciudad de poco más de 70.000 habitantes al noroeste de Inglaterra. Su historia, la historia de sus padres, añade una página más al libro de la emigración de la comunidad. Salvador y María del Carmen llegaron a las Islas a inicios de los 60, con poco más de 20 primaveras en su carné de identidad y buscando una nueva vida. De su unión nació Kiko, que pasó parte de su infancia en su otra ‘hometown‘: «Me fui a Coruña con un año y estuve allí hasta que casi cumplí los cuatro. Entonces regresé a Burnley».

Volvió a la urbe herculina cuando era un adolescente y no pasó desapercibido. Lo cuenta Enrique Díaz, uno de los fundadores históricos de los Riazor Blues y primo de Kiko: «Vino de vacaciones a Coruña. Estaba en casa de mi tía e íbamos a jugar a María Pita, cuando por allí aún pasaban los coches y había unos campos de tierra con varios bancos que hacían de portería. Y le vio gente del Deportivo. Tendría unos 14 años aproximadamente y ya destacaba: era grande, tenía cuerpo. Muy bueno a su edad y, además, tenía carácter». «Sólo fue una prueba, y no salió», comenta Kiko sonriendo.

Será su hijo quien salte al verde del feudo blanquiazul, una especie de reencuentro con los orígenes de su árbol genealógico que Kiko, que vendrá a la ciudad, tampoco se perderá. «Jay ya estuvo dos veces en A Coruña, pero él era muy pequeño», recuerda. Ahora, volverá como uno de los presumibles referentes a los que se agarrará el conjunto de Tony Pulis de cara a la temporada que viene. Porque Jay, al que una inoportuna lesión de rodilla apartó del Mundial de Brasil en 2014, es un jugador singular, alejado del patrón habitual que cabría imaginar al pensar en el fútbol británico.

«Se nota que lleva los genes de Kiko», describe orgulloso Enrique. Tanto él como Roberto, un amigo de la familia, le vieron en sus inicios en un viaje a Inglaterra. Y no, no jugaba de ‘9’. «Se incorporó con 10 años al Burnley. Ahora juega como delantero centro o, a veces, escorado a banda, pero de pequeño era centrocampista. No tenía mucho físico, pero lo suplía con inteligencia y saber estar. Con 12 años se le veían maneras. Era muy técnico y ordenado en el centro del campo. Cuando lo vi por primera vez, jugando contra el Chester, pensé que no era inglés».

Sí lo es de sentimiento, algo que aclaran ambos. «Se suele comentar a menudo en los medios de comunicación que el padre de Jay es español. Pero no, es inglés. Nació allí. Y Jay también: su familia es inglesa, al igual que su mujer, y él es aficionado del Burnley, aunque me pidió hace tiempo una camiseta del Deportivo y se la mandé», señala Enrique entre risas. En su móvil, entre múltiples fotografías de su etapa como hincha, la imagen de un Jay sonriente vistiendo la zamarra del conjunto coruñés. La que tendrá enfrente por primera vez en poco más de tres semanas. Cosas del destino.

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