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Rebelde con causa (II)

«Cando tiña 16 anos, veu o Deportivo buscalo aquí». De José Luis Vara habla otro José, su padre. A sus 81 años, vive en Esteiro. Señala Manuel Abeijón, miembro de la directiva del equipo local, que el pueblo se fue haciendo más grande al integrar los núcleos parroquiales que lo rodeaban. En uno de ellos, en la zona noreste, reside José. Por las cercanías de la finca pasea un dóberman, que olisquea a los recién llegados. «No hace nada», dice sonriente el vecino. 

José, que trabajaba empleado en plataformas petrolíferas cuando su hijo era adolescente, recuerda el paso de Vara por el Seminario de Santiago, donde entró con 12 años. Entre la rectitud y las Biblias había un versículo suelto. Un talento natural con el balón que veía el padre Amador, pero también Jaime, el cura de su localidad natal. De correr la voz se encargó la familia de Amancio Amaro, que veraneaba en Esteiro. Y allí se presentó Sertucha, que trabajaba para el Deportivo por aquel entonces.

amancio_amaro_joseluis_varaAmancio y José Luis, en la fila inferior de la imagen -cuarto y sexto respectivamente-. FOTO: Cedida por Manuel Abeijón

«Antes, lo típico era ir por los pueblos buscando a alguien que pudiese valer para el fútbol», explica María, que incide en cómo ese boca a boca servía para que los clubes con más músculo financiero llegasen a zonas de difícil acceso. En Esteiro, el Deportivo pudo echar sus redes por partida doble, pero sólo se fueron con uno. Lo cuenta Tono, ya jubilado tras trabajar como policía local en Muros. Él también estaba en el punto de mira de los coruñeses cuando jugaba con José Luis en el primer equipo de la Esteirana.

«Era la final de la Copa da Costa. Y vino Sertucha. Nos querían fichar a los dos, pero mi puesto, el de lateral derecho, ya lo tenían cubierto con otros chavales que habían firmado antes. Se llevaron a José Luis», detalla. Ninguno de los dos tenía los 18 en el carné, y ahí emerge más de una anécdota sobre cómo sorteaban las posibles denuncias de los rivales, pese a que no siempre lo consiguieron: «La Esteirana nos permitía jugar con una ficha falsificada, porque ni él ni yo no teníamos la edad. Cuando había algún chaval de la zona que destacaba, se hacía un poco esa trampa».

Manuel sonríe, porque apenas media hora antes se le escapaba un gesto de satisfacción al contemplar a los niños de categoría biberón de la Esteirana que jugaban contra el Xallas. El campo lleva el nombre de José Luis. En la cantina huele a café de pota y las paredes conservan varias fotografías de las plantillas históricas del equipo. «Jugábamos por disfrutar. Físicamente era un portento, tenía una buena técnica y también zancada. Siempre lo comparé con Schuster. Por su juego fácil: sabía dónde tocar y cómo hacerlo con precisión. Con esos desplazamientos que ahora echas de menos en Primera División», define Tono.

No titubea José al desentrañar qué contenía aquella mochila con la que su hijo cargó. En ella había sinsabores, con forma de reproche e insultos desde la misma grada donde, a menudo, se encontraba su familia. «Eche o que hai», zanja Manuel. Pero también había coraje, el del capitán que tomaba la matrícula al rival que fuese a por un compañero. Y la firmeza de quien, a sabiendas del doble filo de su cometido, aceptó dar un paso al frente. Porque hay un testimonio y respuesta común de quienes le conocieron: «Era el líder».

*Este es el segundo episodio de una serie de dos reportajes sobre la figura de José Luis Vara. El anterior fue publicado el pasado lunes 20 de noviembre.

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